La palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás, en estos términos: «Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y anúnciale el mensaje que yo te indicaré». Jonás partió para Nínive, conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días para recorrerla. Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: «Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida». Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño. Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió.
Salmo 25, 4 - 9
Salmo 25, 4 - 9
[Dálet] Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos.
[He] Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador,
[Vau]. y yo espero en ti todo el día.
[Zain] Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,
porque son eternos.
[Jet] No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud:
por tu bondad, Señor, acuérdate de mi según tu fidelidad.
[Tet] El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
[Iod] él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres.
1 Corintios 7, 29 - 31
enséñame tus senderos.
[He] Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador,
[Vau]. y yo espero en ti todo el día.
[Zain] Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,
porque son eternos.
[Jet] No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud:
por tu bondad, Señor, acuérdate de mi según tu fidelidad.
[Tet] El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
[Iod] él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres.
1 Corintios 7, 29 - 31
Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; lo que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera.
Marcos 1, 14 - 20
Marcos 1, 14 - 20
Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia». Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres». Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y con ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.
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La historia del profeta Jonás es bastante interesante y como toda la Sagrada Escritura tiene mucho qué enseñarnos; sin embargo la lectura de hoy toma un pequeño fragmento de este libro con el fin de mostrarnos la importancia de la conversión y por ello no se lee todo lo que envuelve la predicación de Jonás.
Por su parte, el salmo canta: "Muéstrame, Señor, tus caminos...". Quienes tenemos la certeza de que Dios interviene en nuestra historia y se hace cercano al ser humano, le pedimos constantemente nos muestre su voluntad con el fin de acatarla sin vacilaciones, pues el Dios que es Amor y a quien amamos, nos llevará siempre por el mejor camino que nos permita alcanzar la bienaventuranza eterna; y esto a su vez implica una constante conversión hacia el Señor, pues siempre habrá qué corregir por parte nuestra para andar por sus caminos.
Respecto al Evangelio quiero retomar un comentario de Benedicto XVI que en el primer volumen de su obra 'Jesús de Nazaret' dice así: "El contenido central del Evangelio es que el Reino de Dios está cerca. Se pone un hito en el tiempo, sucede algo nuevo. Y se pide a los hombres una respuesta a este don: conversión y fe". Eso es lo que leemos este tercer domingo del tiempo ordinario; Jesús sale a predicar la Buena Nueva, y para aceptarla la conversión hacia una vida de fe es indispensable.
Sabemos que el mundo difícilmente voltea la mirada hacia el Cielo, con menor razón presta oídos para recibir el mensaje que le trae salvación;y esto es resultado de poner el corazón en las cosas terrenas, en lo pasajero, los placeres inmediatos y resultados tangibles. Por ello hay que tener presente la exhortación que san Pablo hace a la comunidad de los corintios, y a través de ellos, a los cristianos de hoy. Vivamos buscando primero el Reino de Dios, lo demás se nos dará por añadidura; guardemos tesoros donde no llega el ladrón. Convirtámonos, andemos por el sendero recto en el cumplimiento de su Palabra y seamos personas con fe.
Por su parte, el salmo canta: "Muéstrame, Señor, tus caminos...". Quienes tenemos la certeza de que Dios interviene en nuestra historia y se hace cercano al ser humano, le pedimos constantemente nos muestre su voluntad con el fin de acatarla sin vacilaciones, pues el Dios que es Amor y a quien amamos, nos llevará siempre por el mejor camino que nos permita alcanzar la bienaventuranza eterna; y esto a su vez implica una constante conversión hacia el Señor, pues siempre habrá qué corregir por parte nuestra para andar por sus caminos.
Respecto al Evangelio quiero retomar un comentario de Benedicto XVI que en el primer volumen de su obra 'Jesús de Nazaret' dice así: "El contenido central del Evangelio es que el Reino de Dios está cerca. Se pone un hito en el tiempo, sucede algo nuevo. Y se pide a los hombres una respuesta a este don: conversión y fe". Eso es lo que leemos este tercer domingo del tiempo ordinario; Jesús sale a predicar la Buena Nueva, y para aceptarla la conversión hacia una vida de fe es indispensable.
Sabemos que el mundo difícilmente voltea la mirada hacia el Cielo, con menor razón presta oídos para recibir el mensaje que le trae salvación;y esto es resultado de poner el corazón en las cosas terrenas, en lo pasajero, los placeres inmediatos y resultados tangibles. Por ello hay que tener presente la exhortación que san Pablo hace a la comunidad de los corintios, y a través de ellos, a los cristianos de hoy. Vivamos buscando primero el Reino de Dios, lo demás se nos dará por añadidura; guardemos tesoros donde no llega el ladrón. Convirtámonos, andemos por el sendero recto en el cumplimiento de su Palabra y seamos personas con fe.

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