14 abril 2009

Dos años caminando

Una fecha como la de hoy pude volver a nacer gracias al llamado a la conversión que me hizo Dios Santísimo; por su infinita misericordia me llamó a servirle y así poder tener vida gracias al Nombre que está sobre todo nombre, a Jesucristo que vive y reina, quien murió y resucitó por todos nosotros y por quien he de resucitar también si aprovecho la vida que Dios me presta.

Hace dos años, sábado 14 de abril, un día antes de la fiesta de la Divina Misericordia que se celebra el domingo siguiente al de Resurrección; por la intercesión de dos hermanas, Dios dirigió su voz llena de compasión hacia mí, pecador, y me ofreció su perdón acompañado de una promesa. Puedo decir que fue como recordar mi Bautismo y Confirmación teniendo a santa Liduvina como testigo.

Gracias Dios mío; Padre Eterno, Señor mío y siempre amigo Jesucristo, Señor Espíritu Santo que das vida.

12 abril 2009

Domingo de Resurrección

¡Aleluya! ¡Resucitó!

Que nuestra vida refleje la alegría de creer, esperar, tener certeza, fe y vida en un Dios vivo; en un Dios que venció a la muerte por medio de su resurrección. Adoremos y alabemos a nuestro Dios que vive y reina por los siglos d elos siglos.

Hagamos realidad la Pascua en nuestras vidas, dejemos que nuestro Señor nos libere de la esclavitud y nos de la libertad dela verdadera vida en su Reino.

¡Felices Pascuas 2009!

11 abril 2009

Sábado Santo

Un gran silencio se cierne hoy sobre la Tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio porque el Rey está durmiendo; la Tierra está temerosa y no se atreve a moverse, porque Dios hecho hombre se ha dormido y ha despertado a los que dormían desde hace siglos... En primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida. Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él... Y, tomándolo de la mano, lo levanta diciéndole: "Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo". Yo Soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti... Despierta, tú que duermes, porque Yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos; Yo Soy la vida de los que han muerto.

Antigua homilía sobre el santo y grandioso sábado. Liturgia de las horas.

Viernes Santo

Tanto nos ama Dios, que nos entregó a su Hijo unigénito.

También, en medio de tanto dolor, Jesús no sólo nos perdona de nuestras faltas y nos libera del pecado; entrega también un preciosísimo regalo a todo aquél que quiere ser su discípulo, nos regala a María Santísima como nuestra madre (Jn 19, 25-27).

Después de la Resurrección Jesús llamó "hermanos" a sus apóstoles; yo, atreviéndome (pues sé que le fallo bastante) puedo llamarme también hermano suyo, pero jamás podría alguien decir que es su madre, sólo María. Y así lo afirma también el mismo Jesucristo, pues cuando le hablaron para decirle que su madre y sus hermanos lo buscaban, Jesús contestó: "...Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Mt 12, 46-50).

Es claro que todos los que seguimos a Jesús, sólo podemos aspirar a ser llamados sus hermanos; y sabemos también que María cumplió con la voluntad de nuestro Padre, pues ella dijo "He aquí la esclava del Señor" (Lc 1, 26-38); por eso Dichosa la llamamos generación tras generación ¿Y quiénes son dichosos? Son dichosos los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen sed y hambre de justicia, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, los perseguidos y acusados falsamente (Mt 5, 1-12) y los que creen sin haber visto (Jn 20, 29). A ellos Dios Santísimo los colmará de bienes.

María, madre mía, en verdad eres dichosa, cumples perfectamente con cada una de las bienaventuranzas que pronunció tu Hijo Jesús; y así como en las bodas de Caná, has estado siempre intercediendo a nuestro favor para que estemos listos como humanidad para cuando vuelva el novio, tú único hijo. Por eso, has sido colmada por Dios, el tres veces Santo, y eres Reina del Cielo y la Tierra.

Gracias Jesús, que en medio de todo el sufrimiento que te causaron nuestros pecados, mostráste otra prueba de tu bondad al darnos por madre a quien te recibió antes que nadie, a la "llena de Gracia", concebida sin pecado. La siempre virgen María Santísima, que creyó sin ver, que creyó se cumplirían al pie de la letra las palabras del ángel Gabriel y que como Abraham, sabía que Dios es todopoderoso y puede resucitar al hijo único, en quien se cumplirían las promesas ya hechas.

Jueves Santo

Día en que se siente un fuerte contraste, pues la alegría precede a la tristeza.

Te doy gracias, Jesús, por tan magnífico regalo que has dado a tu Iglesia al instituir la Eucaristía y el sacerdocio la noche del jueves santo.

Esa noche, teniendo como antecedente la multiplicación de los panes y lo anunciado en la sinagoga de Cafarnaúm, cambiaste la sustancia del pan y del vino por medio de tu Espíritu y los hiciste tu Cuerpo y tu Sangre; regalándote así, primero a tus apóstoles y con el paso del tiempo a todos los que queremos seguirte, pues Tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6, 68).

¿No es acaso acción de gracias la Eucaristía? ¿No significa eso Eucaristía? Tú mismo, alimentando a miles de personas, tomaste el pan y dando gracias lo repartiste (Jn 6, 11) diciendo a tus apóstoles dénles ustedes de comer (Mt 14, 16).

Qué falto de fe puedo ser cuando no reconozco tu Cuerpo y tu Sangre bajo las especies del pan y del vino, que no sea como quienes se escandalizaron y dejaron de seguirte al no aceptar que Tú éres el maná bajado del Cielo, Dios-con-nosotros, y que por tu Espiíritu nos alimentas haciendo lo que para nosotros es imposible.

Házme conciente de que cada vez que comemos de ese pan y bebemos del cáliz, anunciamos tu muerte hasta que vuelvas, tu presencia es real (1 Co 11, 23 - 29) estás en verdad y en Espíritu. Abre mis ojos como lo hiciste con tus discípulos de Emaús que te reconocieron en la fracción del pan (Lc 24, 13-35). Aumenta mi fe Señor mío y Dios mío, aumenta mi fe.

Gracias Jesús, verdadero sacerdote, por haber fundado el ministerio del sacerdocio en tus apóstoles, pues por medio de ellos y sus sucesores, podemos ofrecer tu sacrificio ante el Padre como una verdadera acción de gracias, para nuestro bien y como alabanza y gloria de su Nombre. Bendito seas Señor mío Jesucristo por haber instituido un reino de sacerdotes (Ap 5, 10).

Espíritu Santo, dame los dones y las gracias que necesito para no abandonar a mi Salvador, no quiero caer, quiero permanecer en vela. Que no sea capaz de traicionar a mi Amigo que nunca falla, pues mi espíritu está dispuesto, pero mi carne es débil .

Padre, necesito fuerza y obediencia para siempre aceptar tu voluntad; especialmente cuando ésta me provoque un fuerte dolor, escape a mi razonamiento y sea contraria a mis deseos. Que siempre esté conciente de que Tú eres sabio y yo no, qué Tú eres bueno y yo caigo fácilmente, que Tú quieres lo mejor para mí y yo muchas veces no sé ni lo que hago.

Te alabo, te adoro y te bendigo Santísima Trinidad.