Tanto nos ama Dios, que nos entregó a su Hijo unigénito.
También, en medio de tanto dolor, Jesús no sólo nos perdona de nuestras faltas y nos libera del pecado; entrega también un preciosísimo regalo a todo aquél que quiere ser su discípulo, nos regala a María Santísima como nuestra madre (Jn 19, 25-27).
Después de la Resurrección Jesús llamó "hermanos" a sus apóstoles; yo, atreviéndome (pues sé que le fallo bastante) puedo llamarme también hermano suyo, pero jamás podría alguien decir que es su madre, sólo María. Y así lo afirma también el mismo Jesucristo, pues cuando le hablaron para decirle que su madre y sus hermanos lo buscaban, Jesús contestó: "...Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Mt 12, 46-50).
Es claro que todos los que seguimos a Jesús, sólo podemos aspirar a ser llamados sus hermanos; y sabemos también que María cumplió con la voluntad de nuestro Padre, pues ella dijo "He aquí la esclava del Señor" (Lc 1, 26-38); por eso Dichosa la llamamos generación tras generación ¿Y quiénes son dichosos? Son dichosos los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen sed y hambre de justicia, los misericordiosos, los que trabajan por la paz, los perseguidos y acusados falsamente (Mt 5, 1-12) y los que creen sin haber visto (Jn 20, 29). A ellos Dios Santísimo los colmará de bienes.
María, madre mía, en verdad eres dichosa, cumples perfectamente con cada una de las bienaventuranzas que pronunció tu Hijo Jesús; y así como en las bodas de Caná, has estado siempre intercediendo a nuestro favor para que estemos listos como humanidad para cuando vuelva el novio, tú único hijo. Por eso, has sido colmada por Dios, el tres veces Santo, y eres Reina del Cielo y la Tierra.
Gracias Jesús, que en medio de todo el sufrimiento que te causaron nuestros pecados, mostráste otra prueba de tu bondad al darnos por madre a quien te recibió antes que nadie, a la "llena de Gracia", concebida sin pecado. La siempre virgen María Santísima, que creyó sin ver, que creyó se cumplirían al pie de la letra las palabras del ángel Gabriel y que como Abraham, sabía que Dios es todopoderoso y puede resucitar al hijo único, en quien se cumplirían las promesas ya hechas.

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