Un gran silencio se cierne hoy sobre la Tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio porque el Rey está durmiendo; la Tierra está temerosa y no se atreve a moverse, porque Dios hecho hombre se ha dormido y ha despertado a los que dormían desde hace siglos... En primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida. Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él... Y, tomándolo de la mano, lo levanta diciéndole: "Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo". Yo Soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti... Despierta, tú que duermes, porque Yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos; Yo Soy la vida de los que han muerto.
Antigua homilía sobre el santo y grandioso sábado. Liturgia de las horas.

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