Día en que se siente un fuerte contraste, pues la alegría precede a la tristeza.
Te doy gracias, Jesús, por tan magnífico regalo que has dado a tu Iglesia al instituir la Eucaristía y el sacerdocio la noche del jueves santo.
Esa noche, teniendo como antecedente la multiplicación de los panes y lo anunciado en la sinagoga de Cafarnaúm, cambiaste la sustancia del pan y del vino por medio de tu Espíritu y los hiciste tu Cuerpo y tu Sangre; regalándote así, primero a tus apóstoles y con el paso del tiempo a todos los que queremos seguirte, pues Tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6, 68).
¿No es acaso acción de gracias la Eucaristía? ¿No significa eso Eucaristía? Tú mismo, alimentando a miles de personas, tomaste el pan y dando gracias lo repartiste (Jn 6, 11) diciendo a tus apóstoles dénles ustedes de comer (Mt 14, 16).
Qué falto de fe puedo ser cuando no reconozco tu Cuerpo y tu Sangre bajo las especies del pan y del vino, que no sea como quienes se escandalizaron y dejaron de seguirte al no aceptar que Tú éres el maná bajado del Cielo, Dios-con-nosotros, y que por tu Espiíritu nos alimentas haciendo lo que para nosotros es imposible.
Házme conciente de que cada vez que comemos de ese pan y bebemos del cáliz, anunciamos tu muerte hasta que vuelvas, tu presencia es real (1 Co 11, 23 - 29) estás en verdad y en Espíritu. Abre mis ojos como lo hiciste con tus discípulos de Emaús que te reconocieron en la fracción del pan (Lc 24, 13-35). Aumenta mi fe Señor mío y Dios mío, aumenta mi fe.
Gracias Jesús, verdadero sacerdote, por haber fundado el ministerio del sacerdocio en tus apóstoles, pues por medio de ellos y sus sucesores, podemos ofrecer tu sacrificio ante el Padre como una verdadera acción de gracias, para nuestro bien y como alabanza y gloria de su Nombre. Bendito seas Señor mío Jesucristo por haber instituido un reino de sacerdotes (Ap 5, 10).
Espíritu Santo, dame los dones y las gracias que necesito para no abandonar a mi Salvador, no quiero caer, quiero permanecer en vela. Que no sea capaz de traicionar a mi Amigo que nunca falla, pues mi espíritu está dispuesto, pero mi carne es débil .
Padre, necesito fuerza y obediencia para siempre aceptar tu voluntad; especialmente cuando ésta me provoque un fuerte dolor, escape a mi razonamiento y sea contraria a mis deseos. Que siempre esté conciente de que Tú eres sabio y yo no, qué Tú eres bueno y yo caigo fácilmente, que Tú quieres lo mejor para mí y yo muchas veces no sé ni lo que hago.
Te alabo, te adoro y te bendigo Santísima Trinidad.

1 comentarios:
Christian,siempre tan lleno de fe,desde niño te gusto mucho las clases de catecismo,puntual y responsable,en tus lecciones y serio,por eso te quisieron las personas que te enseñaron.Felicidades,me siento orgullosa de ti.....
Publicar un comentario en la entrada