Te agradezco por la paciencia, por la prudencia, por tus llamados a la cordura y a la realidad; por hablarme directamente para después tomarme en tus brazos en la pesada noche de la angustia. Gracias por tu silencio, gracias por tu Palabra. Gracias por la vida y el respiro que me delata.
¿Cómo puedo agradecerte Dios mío? Pues me has levantado, has empezado a curar mi ceguera, has hecho de mi un ser humano y así me amas.
¿Qué mayor gracia y felicidad que saberse amado por Ti? ¿Qué mayor dicha y fuente de esperanza que tus promesas y tu voz que es fuerza sonora y expande al universo?
Dios.
Tú eres Dios.
Tú Eres el Dios Vivo.
Tú Eres el que Es, el que Vive.
El Dios Eterno.

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