Tú, que eres eterno, me has llevado por caminos en los que yo no puedo ver más allá de mis ojos; en varias ocasiones llegué a decirte totalmente cansado y harto que ya no podía seguir un día más, me desesperaba y sentía impotencia al saber que faltaba camino por recorrer y que yo ya no quería dar un paso más, mucho menos quería que me siguieras llevando. Pero me dabas fuerza, me fortalecías y orando el cuarto y quinto salmo pude ir viendo el correr del Sol.
"... pongo mi sueño en tus manos y al punto me duermo..."
Tu grandeza no puedo imaginarla, tu amor sólo empiezo a sentirlo, tu pureza y misericordia es algo nuevo para mí; pero tus brazos y amistad son tan cercanos que como amigo, sólo me atrevo a confiar y seguirte. Aumenta mi fe, enséñame a ser humilde y ver como Tú ves. Que tu Santo Espíritu me inunde y mueva para gloria tuya.
Bendito y alabado seas. Que pueda yo ser digno de tan grande amor, de tan paciente escucha y de tus palabras que dan vida.
Tu Palabra creadora nos transforma y tu Espíritu aletea siempre a nuestro lado.
Ahora que miro para atrás, puedo distinguir un camino perfectamente trasado, puedo entender el por qué de algunos lugares, de algunas palabras y tiempos; veo cómo pude truncar ese sendero por el que me llevabas cuando decidía declinar, evitar un poco de dolor. Gracias por escuchar, gracias por escuchar. Gracias.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada