Quien busque la felicidad, que busque y encuentre a Jesús, pues Él trae la felicidad y la paz a la humanidad; Él trajo el Reino de Dios que puede crecer en nuestros corazones. Quien quiera ser feliz, que conozca a Jesúcristo, verdadero Hijo del Dios vivo, pues la felicidad no está en las cosas terrenales, no está en posiciones sociales, en el reconocimiento y aceptación de las personas, está únicamente en la aceptación de Dios en nuestros corazones.
La paz que nos da el saber y sentir a Dios, escuchar su Palabra y vivirla es única. Es cierto, cuesta trabajo, mucho más después de que estamos acostumbrados a estar tirados con la cara en tierra, encadenados a los tesoros y deseos terrenales; recordemos que estamos en el mundo, pero no somos del mundo; estamos llamados a vivir y gozar la presencia que es y nos da Dios.
Quisiera expresar la alegría que llego a sentir, la tranquilidad que jamás había experimentado; pero el vocabulario no me alcanza. Triste es cuando vemos por todos lados que cualquier cosa nos vende alegría, superación, amor, paz, felicidad; pero después de que dejan de ser novedad en nuestras vidas, pasan a ser cosas vanas. No así con Dios y su infinito Amor, INFINITO, nadie puede tener la más mínima idea de esa palabra, no nos alcanza el conocimiento; pero sí el corazón para empezar a recibirlo y sentir; que nos haga sentir VIVOS.
No es coincidencia que el primer Salmo hable sobre la felicidad, mucho menos que Jesús haya hablado en su primer discurso a la gente sobre la felicidad (bienaventuranzas).
Felicidad ¿Qué es la felicidad? Muchas veces la queremos y buscamos, pasamos vidas enteras sintiendo sólo la felicidad pasajera; no así cuando conocemos a nuestro Rey y Salvador, quien verdaderamente nos hace felices, aún en los momentos difíciles, en las pruebas. Haciendo todo con Él, en Él y por Él.
Hagamos a un lado los prejuicios e ideas que nos alejan inmediatamente de Dios cuando escuchamos los "compromisos" que deben tomarse para estar bien con Dios; lo pongo entre comillas, pues una vez que se conoce a Jesús (y al Padre) con la gracia del Espíritu Santo, uno no hace cosas por obligación, le nacen del corazón.
Por qué conformarse con leer a grandes filósofos, escritores que nos endulzan el oído y nos enseñan formas de la mente humana; escuchar a críticos, analistas, conocedores que nos enseñan temas de interés. También hay que conocer la Palabra de Dios, a Jesús, no hay que esconderse y dejar de leer la Biblia.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada