Seré breve. Esta noche me escuchaste decir muchas cosas Jesús, enjugaste lágrimas no derramadas y escuchaste mis quejas; hablé fuerte, incluso con palabras altisonantes, pero no te escandalizaste, no me callaste; esperaste pacientemente a que terminara de hablar y sí, terminé por entender un poco, lo que debes de sufrir ante el rechazo de tus miles de millones de seres amados.
Cada vez que me respondes, me das certidumbre, me aseguras y llevas de la mano. Me das vida.
Despierta en nosotros esa chispa de amor que nos haga comprender que verdaderamente tú pasaste por todo tipo de sufrimiento humano, para que en lugar de rechazarte, aceptemos y reconozcamos tu inmenso amor, tu insondable misericordia y caminando a tu lado encontremos la verdadera felicidad, la única paz que puede existir y la vida que nos mueva a cada uno de nosotros.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada