Señor, verdaderamente los niños son causa de tu alegría,
te arrancan carcajadas y hacen brillar tu corazón con sus inquietudes;
no sólo nos pides que seamos humildes,
nos llamas a que seamos como niños.
Tú mismo dijiste que más vale que ninguno de nosotros haga tropezar a uno de los pequeños, pues sus ángeles están constantemente frente a Dios.
Son causa de alegría, de risas,
de amor y le mueven a uno la vida.
Bailan, gritan, lloran, aman.
Aman y eso es lo que te interesa,
es a lo que nos llamas, lo que esperas;
amar con pureza y sin condiciones,
fielmente y con la vida.

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